Espiritualidad Maya de Guatemala

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Bienvenid@s a este espacio para Crecer

¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.

Popol Wuj

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sábado, 11 de enero de 2014

Como te veo te trato

Queridos amigos y amigas:
Empezamos este año con este articulo de Susana de León, quien nos autorizó su publicación en este blog.

Este articulo sirva para que los que hemos perdido nuestra identidad étnica la recuperemos, los que la tenemos nos empoderemos de ella para construir una nueva sociedad.

Amables y estimados lectores esperamos de todo corazón que este año nuevo gregoriano 2014, sea lleno de caminos planos, anchos y veredas hermosas y floridas y que nos sigamos leyendo en este nuevo año. 

¡Larga Vida y Útil Existencia!

Julio Menchú
Equipo de Espiritualidad Maya de Guatemala


Como te veo te trato

Vestir otro traje para ser uno más y mimetizarse en un mar de personas, la decisión que toman algunos jóvenes indígenas o sus padres para evitar el racismo y la exclusión en las urbes. Mi historia y la de tantos más. Una crónica de tres días con un traje regional para comprobar en carne propia el adagio popular.

Susana de León • sdeleon@elperiodico.com.gt



“Su disfraz no está completo”, espetó. Por la mueca en mi rostro supo que no la comprendía. “Sí, su disfraz no está completo porque sus pies están demasiado limpios y sus talones no están rajados”, repitió. Debe ser por mi aspecto. Estoy vestida con un traje regional: blusa amarilla con un tono similar al de las casas antigüeñas, un corte azul pavo y mis sandalias favoritas.

Esperaba escuchar estos comentarios por los pasillos de los centros comerciales o al momento de conducirme por las congestionadas calles de la ciudad capital, la segunda urbe más racista del país, según las estadísticas de la Comisión Presidencial Contra la Discriminación y el Racismo Contra los Pueblos Indígenas en Guatemala (Codisra) –la primera es Quetzaltenango–, pero no en la oficina donde trabajo.

Tres días vestida así, como mi madre, mis abuelas, mis bisabuelas y el extenso árbol genealógico que me antecede, con el traje de Santa Cruz del Quiché. Mezclándome entre los jóvenes para comprobar si es cierto aquel adagio popular de “como te veo te trato”. ¿Cómo se vive en la ciudad si una porta un traje regional? ¿Está fundamentado el temor de las generaciones que abandonaron su corte? ¿Prima en estos días el esquema mental de mujer indígena igual a persona analfabeta o empleada doméstica? Había que hacer la prueba, portar el traje después de 25 años y añadir a mi propia historia anécdotas distintas a las de las mujeres de mi familia.

Realizar este experimento no fue el resultado de un capricho momentáneo o un intento de provocación, sino la necesidad de describir desde mi propia vivencia qué sucede cuando se deja de ser uno más por la forma de vestir. “Ser extranjero en su propia tierra”, lo definen antropólogos.

Me llevé algunas sorpresas, por ejemplo, la mejora del servicio al cliente, al menos en los lugares visitados. “Ahora ya te atienden”, decía mi madre recordando un episodio vivido diez años atrás, cuando ella y mi padre esperaron por más de 20 minutos que los atendieran en una agencia de automóviles. El dependiente, un hombre que rondaba los 30 años, solo les alcanzó un folleto con los modelos sin ofrecerles un recorrido por el local. Al señalar el carro de su interés les preguntó asombrado “¿…y ustedes en qué carro vienen pues?”. Pero hemos avanzado, opina Rosa Tacán, excomisionada de Codisra: “Cada vez más entidades se preocupan por encontrar mecanismos para erradicar el problema”.

Anécdotas sobran. Comentarios como el de los pies descuidados, miradas despectivas hacia mujeres que portan el traje de su comunidad lingüística, también. Los hombres conocen el racismo, pero en una dosis menor, “ellos fueron los primeros en despojarse del vestuario regional. Trabajaban y estaban en mayor contacto con el exterior”, dice la antropóloga Irma Alicia Velásquez.

Las actitudes de la población no indígena hacia los indígenas son consecuencia del sistema, residuos de una mentalidad colonial que continúan grabados como con hierros candentes en el subconsciente de muchos ciudadanos.

La piel que habito

Sacudió el corte, lo extendió y lo colocó cuidadosamente para lograr el talle perfecto. Amarrarlo con una faja significó dobleces, una serie de vueltas y varios minutos. Un ritual común entre una madre y su pequeña hasta que aprende a hacerlo por sí misma; un ritual nuevo entre mi madre y su hija de 25 años. En su rostro se dibujaba una sonrisa, como de una niña que viste a su muñeca preferida. Pero sus ojos delataban su preocupación.

Tuvo amigas hasta los 15 años después de rogarle a su padre que le permitiera utilizar el uniforme; escuchó miles de insultos cuando empezó a conducir por la ciudad durante la década de los años noventa: “mirá esa india ¡sabe manejar!”, “adiós Menchú”, y una sarta de disparates más. De haber sucedido en esta década habría podido acercarse a Codisra y denunciar amparada por el artículo 202 del Código Penal. El caso engrosaría la lista de 135 denuncias, el 80 por ciento presentadas por mujeres. La discriminación y el racismo se manifiesta a nivel estructural, institucional, legal e interpersonal, “del último se identifican otros tres: gestos, actitudes y palabras”, explica Tacán.

Veinticinco años atrás, la segunda generación de la familia de mi madre tomó una decisión, “nuestros hijos no serán discriminados”. Un pacto silencioso entre seis hermanos que decidieron cortar dos eslabones en nuestra identidad: el traje y el idioma, elementos importantes para los k’iche’s. Como si una máquina del tiempo los hubiera transportado hasta el siglo XIX optaron por la “ladinización” de la siguiente generación. Eligieron lo que la investigadora Guillermina Herrera conceptualizó como “la sustitución de la cultura indígena por la occidental como puerta para cerrar las diferencias en la sociedad”.

Ni idioma ni traje en el colegio o la universidad. Ambos elementos fueron escondidos en un cofre con un candado y enterrados en algún recoveco de la historia de nuestra familia. El coordinador del Observatorio Nacional Indígena, Mario Itzep, manifiesta que “la única manera de cambiar paradigmas, actitudes y prácticas es a través de la educación”. En el colegio mis compañeras conocían nuestro origen cada vez que había un acto al que debían asistir padres de familia. Producto del miedo heredado mi hermana y yo temíamos. A nadie le gustaban “los inditos”. Durante la primaria, tener una madre que usara corte lo traducían a vivir en una casa sin luz o pertenecer a una clase social sin recursos económicos, pese a que mis padres estudiaron en la universidad.

Los pequeños pueden ser crueles. No es culpa solo de ellos. Hernández, la investigadora, expone que “el niño adquiere su lengua materna en un contexto social, el cual es indispensable, aunque insuficiente sin el componente innato. Aprende el sistema, la estructura que le hace hablante/oyente de la lengua. Palabras y expresiones le seguirán llegando a lo largo de la vida, y él –dueño de la lengua– sumará novedades a su repertorio inicial”. La explicación del sociólogo Héctor Rosada sobre el temor a utilizar el traje es que “se capta un sistema de actitudes y creencias de otros grupos; también los odios y rechazos, por eso causa conflicto regresar a utilizar el traje”.

Es miércoles, lista para iniciar el experimento. Esta idea distorsionada se disipó al enfrentarme al espejo: Solo soy yo y un traje, ¿qué puede suceder? La primera parada fue una conocida tienda de café. La cajera, una veinteañera, fue amable. Quizá demasiado. Desde hace un año compro regularmente su producto y jamás se había portado así. Parecía perturbada. La segunda parada fue mi lugar de trabajo “Caituda, le faltaron las trenzas”, fue el saludo de la recepcionista. Pese a que estaba bromeando, supe que se trataba de un estereotipo, “uno de los tres elementos de la discriminación”, dice Velásquez, la antropóloga. Fue molesto, pero pensé en mi madre y su historia del uniforme, después de un tiempo renunció a él. Retomó su traje indígena e hizo caso omiso a los comentarios.

La jornada laboral finalizó. Última parada: El cine en un centro comercial de la diagonal 6, en la zona 10. Resultado final: Las muestras de afecto entre una pareja interracial causan la misma impresión que un zombi descendiendo en un elevador.

La ropa pesa

“Pero si está demasiado combinada para ser indígena. Ellos no usan esa marca de anteojos graduados –Dolce&Gabbana–, ellos no calzan ese tipo de zapatos”, los comentarios afloraban nuevamente en un campo de prejuicios de algunos compañeros. “La forma de simbolizar es un proceso difícil de ver”, dice Rosada. Sin embargo, se evidencian con estos comentarios.

En la mente de muchos ciudadanos predomina el estereotipo de indígena igual a campesino, o, mujer indígena equivale a empleada. Pero han ocurrido más cambios en las dos últimas décadas: “un artículo que penaliza la discriminación en el Código Penal, por ejemplo”, dice Edgar Gutiérrez, director del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Ipnusac). En las últimas décadas más indígenas han invertido en la educación de sus hijos.

Al día siguiente, un jueves, caminé por los pasillos de un centro comercial con fama de elitista. El columnista y bloguero Christian Kroll-Brice compara la actitud de los usuarios del lugar con la forma de pensar de un famoso personaje de la pantalla chica: “Chusma, chusma, uuuh”, le decía Kiko a Don Ramón antes de empujarlo, despreciarlo y retirarse a sus aposentos. Y se entiende, tan feo que es tener que convivir con la chusma, tener que compartir el espacio público con ellos, sufrir su mirada acusadora, oír sus incomprensibles lamentos monetarios, ¡olerlos! Además, no es que Kiko tuviera otra opción. Tenía que hacerlo. Era el mandato familiar, la tradición, la respuesta condicionada al juicio materno: “No le hagas caso, tesoro. Y no te juntes con esta chusma”, le repetía una y otra vez Doña Florinda. Supongo que Kiko en algún momento dudó al repetir las palabras de su madre, al empujar a Don Ramón y despreciarlo por feo y por pobre; pero supongo también que finalmente terminó por internalizar el discurso, por tomarlo como parte intrínseca de su identidad y símbolo inequívoco de pertenencia a su clase social: la chusma, mientras más lejos, mejor. Si Kiko se mudara al país no dudaría en comprar una propiedad en ese centro comercial (también ofrece complejo de apartamentos)”.

Busqué un bolso en una boutique donde las piezas superaban los Q15 mil. Pregunté por una computadora personal y por último fui por un café con unas amigas. Del servicio al cliente, ninguna queja. Pero las miradas nuevamente interferían en mi espacio personal. No lo imaginaba, no era paranoia, mis amigas también lo notaron. En uno de los pasillos, un grupo de jóvenes nos siguió con la mirada hasta marcharnos de su campo de visión. En el restaurante, una joven nos veía con la minuciosidad del científico que estudia una bacteria a través del microscopio. Les impresiona que el estatu quo cambie, “desde pequeños aprendieron quién es fuerte y quién débil; quién manda y quién debe obedecer”, dice Rosada.

Diferente hora, diferente grupo de amigos, mismo lugar. La misión era colarse e ingresar a una de las discotecas más exclusivas. Desde lejos observábamos a quien permitía el ingreso. Dos parejas esperaron ansiosos durante 20 minutos para entrar, sus atuendos encajaban con el ambiente. Nuestro grupo hizo también la cola. El bouncer, un tipo musculoso y alto, nos permitió entrar sospechosamente rápido.

Nadie quiere mala publicidad o una condena de cuatro a seis años de cárcel por discriminación, le comenté al bartender del lugar. Un joven con rasgos indígenas, distinto a los chicos con chaleco, camisas bien planchadas y cabellos cuidadosamente peinados que bebían la cerveza y cócteles de vistosos colores que les preparaba. “Es por los dueños, ellos son bastante abiertos. Algunos dan instrucciones terminantes de no permitir la entrada a ‘cierto tipo de gente’. Creo que algunos son racistas”, dijo. No ahondó más en el tema, debía volver al trabajo.

En la discoteca nadie me prestaba atención. Recordé el dicho “de noche todos los gatos son pardos”.

Gestos

La inscripción es tan cara como la colegiatura en un centro educativo para la clase media. Los salones tienen pocos estudiantes y un bar privado ofrece delicadezas bajas en calorías. En el segundo nivel de un edificio con tiendas de diseño está el gimnasio que visité. Mi blusa era púrpura y un corte hacía juego. Tomé la iniciativa, me acerqué a uno de los tres recepcionistas.

Recordé las palabras de Velásquez, la antropóloga: “las nuevas generaciones se ladinizan porque es una forma más fácil de sobrevivir, una forma más humana para sentirse aceptados”. El recorrido fue corto: subir unas gradas, observar dos estudios para ejercicios de alto impacto, pero jamás me condujo al restaurante, de regreso a la recepción. De nuevo las miradas. Ingresó algunos datos a su computadora, me pidió el correo electrónico para enviarme información sobre equipo y cuotas. La bandeja de entrada recibió durante dos semanas mensajes de diversas entidades, menos de ese gimnasio.

De regreso a la oficina. En la entrada dos mujeres esperaban al mensajero. Observé con el rabillo del ojo un codazo indiscreto; intercambiaron miradas y una risita nerviosa. “Los gestos que acompañan una expresión racista utilizan a menudo este lenguaje metafórico. Por ejemplo un codazo”, explicaba Guillermina Herrera en su libro. Un desprecio histórico, eso viven cada día tantos guatemaltecos. La semana del experimento el futbolista Marvin Ávila, interpuso una denuncia ante el Ministerio Público por racismo. Los padres del niño Mario Francisco Gamboa denunciaban a los medios de comunicación que su hijo se había suicidado después de ser víctima de bullying en la escuela. Solo por el color de su piel. Hay quienes se quejan por ser mal atendidos por vestir con botas y sombreros, usar vestidos sencillos, hablar mal… y una lista interminable.

Durante la Época Colonial todos buscaban un título de hijodalgo. “Uno de los aspectos sustanciales de la escala de valores de la elite guatemalteca. Su deseo de autoafirmarse como español o como descendiente de la nobleza española, no solo por el interés de un título y una encomienda, sino por la necesidad de diferenciarse del indígena y del mestizo”, escribe Marta Elena Casaús en su libro Linaje y Racismo. La pureza de sangre era importante en la Guatemala de antaño para justificar las desigualdades y privilegios de españoles ante indígenas y mestizos. Una etapa que, algunas veces, parece no superada.
Casaús también relata que en la sociedad colonial “primó la apariencia sobre la existencia de condiciones objetivas: exteriorizar valores, indicar por toda clase de signos externos que se era noble o hidalgo”. En esta época se podría traducir a vestir un pantalón, una blusa o un vestido a cambio de los trajes regionales para ser aceptado en esferas históricamente seleccionadas para ciertos tipos de personas. “Cada paso es más lento mientras más lejos, mientras más alto se quiere llegar”, comparte Irma Alicia Velásquez. Se abrió brecha hasta la mitad del camino; el resto, debemos abrirlo todos, coinciden los consultados.

¿Cómo te veo te trato? Sí, detalles insignificantes como la marca de los lentes, los zapatos, buen manejo del castellano y la capacidad económica determinaron el trato en los sitios visitados. Una historia distinta de no hablar bien el idioma, no tener escolaridad o proceder de alguna aldea lejana, ese es el racismo que urge superar.

“Antes de la Conquista, en Guatemala existían nativos, es decir, la población original del territorio y peninsulares. Después de la llegada y enfrentamientos de ambos grupos en 1523 empezó el mestizaje, durante una década no hubo ninguna mujer europea. En 1541, los españoles ganaron militarmente la guerra, los nativos se convirtieron en indios, y las mujeres españolas llegaron al país para evitar mestizajes”, explica Rosada, el sociólogo. ¿Qué es lo que hay realmente en Guatemala?, cuestiona el investigador. Cuatro grupos: indígenas, mestizos, criollos y otros, para cada categoría los otros tres son “el otro”. Sin embargo, “llegará un momento donde el proceso de mestizaje se coma al criollo –el más racista porque se cree español, nunca superó su conflicto de identidad– porque hay quienes ya no se preocupan por la lógica racista”. Ven las cosas distintas, ya no con desprecio.

Portar un traje regional en la ciudad es un acto de valientes. Soportar miradas o comentarios que se rescatan en las calles es parte del día a día de las mujeres que no temen diferenciarse entre ese mar de gente. Ellas se abren camino y lo despejan para los que vienen detrás pese a las anécdotas derivadas del adagio “como te veo te trato” que acumularán.




>  Quetzaltenango, Guatemala, Alta Verapaz, Santa Rosa e Izabal, los departamentos con el mayor número de denuncias de racismo en el país.

"En el lenguaje académico se ha sustituido la palabra raza por etnia o pueblo. Sin embargo, los estudios sociales mantienen el término racismo, porque en la interacción social valoramos las diferencias biológicas o culturales de nuestros congéneres, por mínimas que sean. También las relacionamos y asociamos con competencias, habilidades y desempeño de los individuos que pertenecen a un determinado grupo socio cultural”,

Guillermina Herrera,  en el libro El Sueño de Pigmalión.


"El proceso de identidad está completo en el momento en el que me identifico y me ubico donde quiero estar”,

Héctor Rosada, sociólogo.

Tomado de:

sábado, 2 de noviembre de 2013

LA ESPIRITUALIDAD MAYA EN LA GESTIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES EN TOTONICAPÁN: “SEGÚN NUESTROS ANTEPASADOS”



Queridas lectores:
Les dejo nuestra nueva entrada o articulo. El M.A. Juan Diego González, k'iche' de Totonicapan, nos hace una exposición magistral para entender la lógica "No" occidental de las comunidades de los pueblos originarios en Guatemala. Que nos sirva para adentrarnos en las comunidades y sus vivencias dejando lo occidental por un lado.
¡Que disfruten la lectura!


Julio Menchú
Equipo Espiritualidad Maya de Guatemala




LA ESPIRITUALIDAD MAYA EN LA GESTIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES EN TOTONICAPÁN:   “SEGÚN NUESTROS ANTEPASADOS” 
Juan Diego González
ixmukaneoxlajuj@yahoo.com

Al encontrarse uno en Totonicapán, bien sea en el área rural o en el área urbana, y curiosear un poco en torno a la cultura, preguntando a la gente por sus tradiciones, sus creencias y sus prácticas cotidianas, es común escuchar respuestas que comienzan con la frase: “SEGÚN NUESTROS ANTEPASADOS”. Por ejemplo cuando se les pregunta a los líderes en torno al por qué se organizan de esa forma y no de otra, las respuestas que dan siempre van encabezadas por la frase “SEGÚN NUESTROS ATEPASADOS”.

En este contexto socio cultural y político, la frase: “SEGÚN NUESTROS ANTEPASADOS” es una expresión que sintetiza experiencias colectivas e históricas las cuales siguen estando presentes en la vivencia actual de estas comunidades; es una locución que en última instancia constituye un gancho que conecta las vivencias y creencias en el pasado con el tiempo presente, vivencias y creencias que no solamente siguen vigentes en la memoria colectiva de los habitantes sino también en la práctica cotidiana, las cuales hacen que ese pueblo maya k’iche’ sea lo que es.

Además, la frase “SEGÚN NUESTROS ANTEPASADOS” es una expresión que no solo sintetiza experiencias sino que al mismo tiempo establece una relación de filiación de las comunidades como hijos, nietos, bisnietos, etc., con los antepasados que son los abuelos, los bisabuelos, los tatarabuelos, etc. En esta relación de filiación, son los hijos, los nietos, los bisnietos, los que siguen dando vida a lo que un día los abuelos visualizaron y practicaron como parte de las estrategias de sobre vivencia. 

En este orden de ideas, las prácticas y creencias en torno al ejercicio del poder en las alcaldías comunales, en las parcialidades y en el cuidado de los recursos naturales en Totonicapán son un bagaje de legados que vienen transmitiéndose oralmente de generación en generación. Por eso cuando los líderes hablan de su cultura o de su cosmovisión vinculados con el ejercicio del poder, siempre recurren a la frase: “SEGÚN NUESTROS ANTEPASADOS”.

Por eso, la COPMAGUA (1999: 153) señalaba que: “las comunidades de Totonicapán cuentan con conocimientos espirituales relacionados con la cosmovisión entre otros; sobresale el conocimiento de la naturaleza. En todos sus actividades siempre toman en cuenta las enseñanzas de los antepasados: cuando siembran, cuando se casan, cuando botan un árbol, cuando captan una fuente de agua, lo primero que hacen es dirigirse con sus ofrendas al dueño de la naturaleza, y elevar sus oraciones al Ajaw, para agradecerle al dueño del universo, y para tener derechos de hacer uso de los recursos que están a su alcance”.

Dentro de la la concepción espiritual de las comunidades mayas de Totonicapán, todo lo que existe es parte de la madre naturaleza y por lo tanto, es sagrado. En efecto, cuando los comités de agua empiezan a gestionar proyectos de introducción de agua potable (agua entubado) lo primero que hacen es dirigirse hacia la montaña, donde se encuentra el nacimiento de  agua con el fin de pedir permiso a la madre naturaleza mediante una ceremonia religiosa bien sea maya o cristiana. El planteamiento fundamental estriba en que el recurso agua es asociado con el género femenino (es mujer)[i], por eso hay que pedir permiso a su dueño antes de tocarlo; en términos cristianos es pedir perdón a Dios y al mismo tiempo agradecerle porque él es el dueño del vital líquido.

Lo anterior es confirmado por la COPMAGUA en estos términos: “cuando se llega a captar un nacimiento de agua, se hace la ceremonia, el Pata’n, para pedirle perdón, porque van a llevar un nacimiento, y dejaran a los animales, los árboles, las plantas (fauna y flora) sin agua. Por eso solicitan el permiso al Ajaw y su Nawal, el cuidador…” (1999: 159).  Es decir, el respeto que se merece la fauna y la flora obliga a los comités a tener que pedir perdón y permiso a la madre naturaleza antes de captar un nacimiento de agua porque muy pronto otras criaturas se  quedarán sin el vital líquido.

Al igual que el recurso agua, el bosque comunal de Totonicapán es percibido como parte de lo sagrado, el cual merece mucho respeto. Por eso las comunidades de Totonicapán saben que todos los árboles forman parte de la madre naturaleza. En este sentido, los comunitarios aseguran que es un principio el que cada vez que se piensa botar un árbol, lo primero que hace la persona es pedir permiso a la madre naturaleza mediante un rito maya o una oración cristiana. Al respecto, uno de los líderes afirma:

“Así es la costumbre de nuestros abuelos, tenemos que pedir permiso ante Dios primero de allí quitarle la vida a un árbol, es gracia de Dios” (Líder comunitario del cantón Juchanep, Totonicapán).

Es decir, la práctica de pedir permiso a la madre naturaleza o a Dios antes de cortar un árbol también forma parte de la cosmovisión maya, ya que todo lo que es parte de la madre naturaleza tiene vida. Botar un árbol es quitarle la vida a un ser que tiene vida, es quitar una parte de la madre naturaleza.

Obviamente, este modelo de gestión de los recursos naturales practicado en Totonicapán rompe con la concepción occidental de producción porque la lógica aquí es que,  no importando el día, hay que explotar a la naturaleza para producir más. En cambio, en la concepción maya no todos los días son aptos para sembrar o cortar un árbol, para hacer este tipo de actividades los k’iche’s  recurre al Cholq’ij (el calendario ceremonial maya de 260 días). El recurso agua y el bosque son usados para la satisfacción de las necesidades del ser humano y no para explotarlos.

En fin, en medio de situaciones de despojo, de racismo, de discriminación, de engaños y de criminalización, por años, el pueblo maya de Totonicapán, a través de su organización comunal, ha venido gestionando el recurso hídrico y conservando el bosque comunal, porque “SEGÚN NUESTROS ANTEPASADOS”, así debe ser. Este modelo de gestión se desarrolla bajo principios axiológicos, los cuales los presentaremos con detalle en la próxima entrega. 

Maltyoxb’a.    




[i] Según la tradición de la mayor parte de las comunidades de Totonicapán, antes de tener a una mujer como novia o esposa, por respeto hay que pedir permiso a los padres de familia; esta práctica también es aplicada para los nacimientos de agua, es decir, antes de captarlos hay que pedir permiso a la madre naturaleza porque es la dueño de ese tan preciado recurso.      

domingo, 15 de septiembre de 2013

¿De cuál independencia hablamos?

¿De cuál independencia hablamos?

Estamos en plenas fiestas de independencia patria, habría que ver si los que salen a desfilar tiene o no noción del contenido del acta de independencia de Centro América. Es de escandalizarse que solo el artículo 1 del acta indique:

Acta de Independencia de Centro América
“para prevenir las consecuencias, que serian temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo…” 

Una de las ideas más claras es que se ha pensado en una idea muy romántica de la Independencia, cuando hasta nuestros símbolos patrios no tienen un fundamento arraigado en la conciencia de las y los guatemaltecos.

La bandera creada por decreto, el himno por concurso, el escudo con armas que financiaron la Supuesta reforma liberal de 1871 y que originalmente ¡tenía hasta cerezas de café en los laureles!,  los únicos símbolos patrios con especial trascendencia es la Ceiba árbol Sagrado y el Quetzal, Gukumatz que nos recuerda al Kan, la Serpiente Emplumanda.

Nuestros padre lucharon con patrio ardimiento… dice el himno; lo que nadie comenta es que Pedro Molina prócer de la independencia proponía la Eugenesia; como método para llevar al progreso al Reino de Guatemala. Hay múltiple evidencia histórica que prueba tal afirmación. Y hoy en día cuando un muchacho lleva a una joven a su casa como novia y la presenta si es fea le dicen: vos sí que de una vez, en vez de mejorar la raza… son ideas eugenésicas que seguimos reproduciendo y que tienen un atisbo de racismo. O como José Cecilio del Valle que imaginaba la igualdad del futuro en términos de una integración social igualitaria y del acceso a los derechos políticos, pero no en términos económicos.[i]

¿De cuál independencia hablamos?

La primera gran masacre contemporánea fue en Rio Negro para crear la Hidroeléctrica de Chixoy, este proyecto financiado por Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo que le costó la vida a cerca de 440 personas, el desplazamiento de más de 3,500 y perdida de tierras a otras 6 mil. Las comunidades como la de Rió Negro que se opusieron a este mega proyecto fueron perseguidas aduciendo pertenencia a la guerrilla; el cuerpo de una de sus lideresas Martina Rojas acaba de ser entregado a la familia, fue capturada en mayo de 1982, y asesinada; su cuerpo apareció en la base militar de Cobán, fue inhumada en Rabinal.[ii]
Fotografía de Mayatza de Rex We
Si Mañana tu suelo sagrado lo amenaza invasión extranjera dice el himno… y nos venden a merced de las nuevas invasiones… Cuantas poblaciones están siendo criminalizadas por su lucha en contra de los megaproyectos… sus líderes han sufrido atentado como la Lideresa Yolanda Oquelí Velíz de San José del Golfo o de otros líderes asesinados por oponerse a la actividad de megaproyectos en sus territorios como Andrés Pedro Miguel. Si somos un país libre por qué prevalecen los intereses de las transnacionales al derecho de los pueblos.

¿No será que la realidad por cruda que parezca fue un paso  bien planificado por la cúpula económica, política y militar de la época y el cambio fue para quedarse con el poder? Los descendientes de estas cúpulas del poder siguen siendo hoy quienes dirigen el país (con poder real del dinero en la mano) y sus ahijados son los que gobiernan…

¿Por qué no existió la participación de indígenas en la decisión de la independencia? No les convenía como dice el artículo 1 del acta; basta saber un poco de historia para leer sobre los múltiples levantamientos indígenas, y demás intentos por no pagar los más que injustos impuestos y que desde la visión colonial fueron interpretados como motines, sublevaciones, rebeliones y demás adjetivos por parte de los indios. El Dr. Aaron Pollack en su libro Levantamiento k'iche' en Totonicapán, 1820 indica que el 73.0% del ingreso de las arcas del Reino correspondía al tributo indígena.

¿Será que el marqués de Aycinena pagaba tributos? O será como ahora que en niveles porcentuales (ojo, aclaro en niveles porcentuales), un agricultor paga más impuestos que los dueños de la industria del país.

¿De cuál independencia estamos hablando?

Será que los organismos del Estado tienen independencia real. Hay que darse cuenta como se han movido los políticos ahora que vienen las comisiones de postulación; sin hablar de las presiones que han recibido jueces del caso por genocidio y se pretenden negar y que se anule el juicio.

¿Será que en Guatemala se respetan los derechos humanos?, o será como escribió Gerber Guzman en el facebook en una pregunta que realice:

¿INDEPENDENCIA? Este país es un paría en derechos humanos, acá es prohibido pisar el césped del palacio nacional, y totalmente permitido pisar la dignidad de hombres, mujeres y niños sin distinción alguna, vaya nivel de libertad, soberanía e independencia.


Unos estudiantes sabiendo claramente de lo que hablamos, en el desfile de este 15 de setiembre en el Ixcan en el desfile protestaron una singular manera:

Estudiantes de primaria y telesecundaria festejan el 15 con un ataúd; que cargan estudiantes de la vestidos de luto para enterrar la independencia, como símbolo de protesta hacia un sistema que aun no ha dado libertad a su gente; es más los ha criminalizado cuando hacen uso e su libertad con responsabilidad. 
(tomado de: https://www.facebook.com/pueblo.ixcan)


Imagen tomada de: https://fbcdn-sphotos-f-a.akamaihd.net/hphotos-ak-prn2/1237034_595143383882229_22331584_n.jpg

¿De cuál independencia estamos hablando?

¡Mejor celebremos el 20 de octubre, día de la Revolución en el centenario del Nacimiento de Arbenz!



Julio Menchú
Equipo de Espiritualidad Maya.

Imagen tomada de http://cpr-urbana.blogspot.com








[i] Ensayo sobre Futuros deseados y temidos: representaciones sobre el porvenir político en la Centroamérica independentista, 1821-1824 de David Díaz Arias y Ronny Viales Hurtado publicado en: http://www.afehc-historia-centroamericana.org/?action=fi_aff&id=3088
[ii] Información e imagen de: Mayatza de Rex We.

viernes, 30 de noviembre de 2012

El ladino: la ciudadanía de la economía de finca


En el marco del arribamiento de las grandes celebraciones del B'aqtun, les proponemos esta lectura sobre las relaciones inter-étnicas en Guatemala, en donde la mayoría somos indígenas, pero se nos ha tratado como una minoría. esperamos que esta lectura despierte el interés por reflexionas sobre estas posturas en Guatemala

Equipo de Espiritualidad Maya de Guatemala

El ladino:
la ciudadanía de la economía de finca

Isabel Rodas Núñez / Escuela de Historia USAC

Crecida en la ciudad, en la experiencia urbana de los años noventa, no fue sino hasta en las aulas universitarias que una compañera de la carrera de antropología me confrontó a esta clasificación. Ella, kaqchikel, me hizo entrever la dificultad que tendría, como antropóloga ladina, para entender la esencia del ser maya. Supongo que su afirmación me lanzó no sólo a pensarme como tal sino a querer entender de dónde había salido ese término y qué podía significar que ella hiciera, por primera vez, pensarme dentro de esa categoría de personas.

Para entonces, era escasa la bibliografía que circulaba y quienes no estábamos vinculados a los grupos de izquierda desconocíamos la producción bibliográfica de los recién exilados docentes universitarios. Así que busqué. Leí, con la actitud descalificadora propia del sancarlista hacia la antropología culturalista norteamericana la Encuesta social del ladino de Richard Adams (1956). Remarqué cómo el autor llamaba ladinización a los cambios sociales empujados por la modernización. Me alimenté del artículo de Arturo Taracena Contribución al estudio del vocablo ‘ladino’ en Guatemala (S. XVI-XIX) (1982). Intenté comprender la polémica entre las ideas fundamentadas en el materialismo histórico de la Patria del Criollo de Severo Martínez contra las de Carlos Guzmán Böckler y Jean-Loup Herbert reunidas en Guatemala: una interpretación histórico social (1970), o entender las abstracciones del texto Indios y ladinos de Héctor Rosada (1984). Pero todas ellas parecían alejadas, en el tiempo y en la experiencia cotidiana de la vida urbana, de aquel momento político en el que los contenidos de la identidad étnica y esencializada parecían ser la llave para la participación política.


Ciudadanía y nacionalidad no son equivalentes

Dada la imposibilidad de ver reflejada mi experiencia en todas esas discusiones, emprendí el estudio de las relaciones familiares de grupos de hacendados coloniales del altiplano central (Rodas Núñez, 1997). Constaté que el ladino colonial, aún el heredero ruralizado y empobrecido de los españoles encomenderos que cayeron en esa desgracia y bajo esa clasificación, no instituyó ni generalizó esa relación discriminatoria con la población indígena. No obstante, en el sentido común, el ladino sin una identidad étnica propia, que subordinaba al indígena, parecía emerger de aquel pasado colonial, que reproducía irreparablemente aquellas relaciones de explotación y humillación.

Luego fue irritante repasar que, en efecto, en los censos se nos encasilla bajo esa terminología. En las cédulas de vecindad de mi madre, de mi padre, de mis abuelos el término ladina-o, -dada la insuficiencia de las marcas exhibidas en los colochos o el pelo lacio y los tintes de la cabellera, la piel, y los ojos- se inscribía para diferenciarlos de los otros ciudadanos. Precisamente, el problema está allí, cuando el Estado del siglo XIX, el fabricante de una ciudadanía moderna en una época en la que a todo Estado le correspondía una sola etnia, confundió la ciudadanía con la nacionalidad, que no son equivalentes, para luego confundir todo esto con la identidad étnica.

Sabemos que, biológicamente, los ladinos son mestizos, sabemos que son portadores de una cultura occidentalizada. Pero si el término se usó en la Colonia, no fue sino hasta el siglo XIX cuando el Estado independiente usó a este intermediario-ciudadano como su principal herramienta para construir la hegemonía sobre el territorio nacional, incluso lo empleó para la fundación de los nuevos municipios como Nentón y Barillas, que marcaron las fronteras nacionales como nos demuestra Ruth Piedrasanta (2009) en su trabajo sobre los chuj.

En Guatemala, esa ciudadanía decimonónica se construyó sobre un intermediario, una clase media, que nombró ladino. Una clase cuyos contenidos simbólicos se sostuvieron sobre una realidad material obtenida de las funciones que les hizo jugar el Estado decimonónico guatemalteco para instalar el que sería el motor de su economía.

Los ladinos, como recurso para la organización política del Estado nacional, sustituyeron en las municipalidades a las autoridades indígenas de los cabildos. Las tierras realengas y de los comunes de los pueblos de indios fueron privatizadas, privilegiando a este grupo emergente con su propiedad. Sin este despojo ¿cómo obligar a los campesinos a la migración temporal a la cosecha del café en la Costa Sur? El trabajo que permitió la emergencia de una franja de la clase media guatemalteca se distribuyó entre los patrones, administradores, caporales, enganchadores de mano de obra de las comunidades campesinas, indígenas y mestizas.

El ladino fue un intermediario que facilitó la transición del régimen de tributarios coloniales al del trabajo temporal en las fincas cafetaleras. Un intermediario del que surgirían las clases medias, tanto élites rurales como profesionales liberales, funcionarios de Estado y comerciantes en la ciudad. Un rol que también jugarían algunas élites indígenas como nos ilustran Edgar Esquit (2010) y Greg Grandin (2007) en sus trabajos sobre Comalapa y Quetzaltenango, y que reclamarían su ciudadanía diferenciada.


No nos reconocemos como ladinos

Es evidente que en la actualidad muchos intentamos demarcarnos de esta herencia de injusticia que funda el sentido de pertenencia ciudadana y nacionalista en tanto que privilegió a ese grupo, no étnico, sino de intermediarios, administradores, funcionarios de Estado y comerciantes, de la economía de finca. El Estado les otorgó limitados y mediocres derechos políticos, civiles y sociales. No nos reconocemos en el término ladino y se nos ocurre adscribirnos al de mestizo o guatemalteco porque no tenemos otras opciones. Ciertamente, no somos responsables de ese pasado, pero sí somos responsables de que se sigan reproduciendo los términos de las relaciones de subordinación que se establecieron bajo el régimen conservador y liberal a través de la economía de finca. Aprendimos a malpreciar el trabajo del otro, a sostener relaciones verticales y a ser obedecidos u obedientes bajo el sistema clientelar que establece el patrón con su administrador, sus caporales y sus mozos.

El problema no está en cambiar la terminología clasificatoria bajo la que nos adscribimos, nada más falso que ignorar la historia que conllevan, sino en evidenciar el sistema de relaciones que, no importando cómo lo nombremos, reproduce la inequidad que construyó el espacio político y la organización del trabajo remunerado y doméstico fundado sobre la economía de finca.

Sin ninguna duda, en nuestros ambientes domésticos, de trabajo y de política pública vivimos la consecuencia de esas formas de poder y autoridad que restringen nuestras capacidades colectivas e individuales, que nos limitan a ideas, recursos y prácticas que capitalizan sólo unos pocos, aquellos que ocupan las posiciones de intermediarios bajo la actual expresión de los capitales internacionales que organizan la economía de nuestra sociedad.

Publicado en el Periódico Feminista “La Cuerda” Miradas feministas de la realidad. Guatemala septiembre 2012. Año 14. No 159

jueves, 4 de octubre de 2012

Anfitriones no fueron invitados a la celebración del 13 Bak’tun


Les compartimos esta nota de Prensa sobre el Oxlajuj B'aqtun y como el Estado de Guatemala lo está manejando de forma excluyente.


Anfitriones no fueron invitados a la celebración del 13 Bak’tun

Las organizaciones indígenas no han sido invitadas, el 21 de diciembre, al Parque Nacional Tikal, Petén.
Sofía Menchú smenchu@elperiodico.com.gt


El Observatorio Nacional Indígena se queja de no ser tomado en cuenta para la celebración del 13 Bak’tun y anunció que preparan una fiesta alterna en los Centros de Ceremonia Maya.  Felipe Gómez, guía espiritual y coordinador general del Oxlajuj Ajpop, dijo que desde finales del año pasado planeaban los actos y no fueron convocados por el Gobierno para participar en la organización. “Nuestro grupo tiene 20 años de realizar ese tipo de celebraciones y ya tenemos todo planeado, comenzaremos del 18 al 21 de diciembre”, comentó. El 24
de octubre informarán de las actividades previstas.

Según el monitoreo del Observatorio, hay descontento en Quiché, Alta Verapaz y otros departamentos, porque no solo fueron excluidos por el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) y el Ministerio de Cultura, sino que tampoco tienen espacio para entrar a Tikal el día del Bak’tun. Mario Iztep, coordinador general de esa entidad, contó que la molestia podría ocasionar el cierre de carreteras y de los lugares Sagrados el día del Bak’tun.

“El Gobierno maneja el evento como folclore, y para atraer turistas. Ya teníamos la agenda para esa fecha, pero al final se reunieron con organizaciones afines al partido y no hubo consenso con todos los sectores”, indicó.

La organización del 13 Bak’tun se discute en el Gabinete Presidencial. Al parecer, algunos funcionarios abogan porque el evento esté en manos de las comunidades indígenas. Antonio Arenales Forno, titular de la Secretaría de la Paz, y Elmer López, de la Secretaría de Asuntos Agrarios, con cautela y sorprendidos por la consulta, coincidieron en que la mayoría de guatemaltecos son indígenas y deben participar.

Tomado de:
http://www.elperiodico.com.gt/es/20121004/pais/218782/ 

viernes, 11 de mayo de 2012

Santa Cruz Barillas: El pasado en el presente